26/09/2017
La mayoría de denuncias y detenciones a adolescentes son por robos, lesiones, hurtos y amenazas
El número de menores gerundenses que delinquen ha disminuido en los últimos años. Unos datos que siguen la tendencia general, que también se da en jóvenes y adultos. En 2016 hubo 399 adolescentes gerundenses que entraron en el sistema de ejecución penal, un 14% menos en comparación con 2015. “De hecho, se trata de la cifra más baja desde 2010”, concreta del director de los servicios territoriales de Justicia, Jordi Martinoy. En lo que llevamos de 2017, según datos del Departament, 241 menores han pasado por el circuito. Todos tienen entre 14 y 17 años y han cometido delitos por los cuales o las víctimas les han denunciado o, directamente, la policía se los ha llevado detenidos.
Eso sí, pese a que la cifra global de menores que delinquen disminuya, sí que los que lo hacen acumulan cada vez más causas en su historial. Por un lado, porque algunos son reincidentes; pero por otra, porque cuando estos adolescentes actúan, los hay que cometen más de un delito al mismo tiempo. Por ejemplo, en el caso de una agresión física, los de lesiones y amenazas.
Robos, lesiones, hurtos y amenazas
Según recoge la estadística del Departament, la mayoría de estos menores se enfrentan a condenas por robos (sean de la clase que sean), lesiones, hurtos o amenazas. “Este grupo concentra el grueso de delitos”, precisa Martinoy. En menor medida, hay otros de ilícitos como los de daños, robo de vehículos o conducir sin permiso.
A la hora de realizar un perfil de estos adolescentes, el director territorial de Justicia también explica que prácticamente todos son chicos. Sólo uno de cada cinco menores gerundenses que delinquen son chicas. Además, concreta Martinoy, en los últimos años “Nos hemos encontrado con un incremento de aquellos casos más complejos, porque a la comisión de delitos también se suman el consumo de alcohol y drogas o alteraciones mentales”.
Siete de cada diez, a juicio
Más de la mitad de estos adolescentes -de media, siete de cada diez- acabarán pasando por una sala de vistas. Cuando se llega a juicio, la condena que más se suele imponer es la de libertad vigilada. “Eso significa que, a partir de que se dicta sentencia, un equipo lleva a cabo un seguimiento del menor para observar cómo evoluciona”, precisa Martinoy.
El juzgado también puede imponer que el adolescente tenga que realizar trabajos en beneficio de la comunidad o seguir programas formativos. En los casos más graves es cuando el adolescente ingresa en un centro de menores. Actualmente, hay una veintena de jóvenes gerundenses a los que el juzgado les ha impuesto esta medida (y que están en Girona o internos en otros centros de Catalunya).
El centro de menores La Misericordia de Girona en imagen de archivo (ACN / Archivo)
Pero no todos los menores que delinquen acaban enfrentándose a un juicio. También hay casos -84 en lo que llevamos de 2017- en los que se puede hacer un proceso de mediación. “De entrada eso depende del delito que se haya cometido, porque no siempre se puede hacer, pero también es necesario que tanto el menor como la víctima estén de acuerdo”, explica Jordi Martinoy.
“Lo que se hace es incentivar que el menor asuma la responsabilidad de lo que ha hecho, que repare el daño y que se conciencie”, dice el director territorial de Justicia. “A veces la víctima y el adolescente hablan y se conocen o, si ha habido un daño material, lo que se hace es compensarlo; en cualquier caso, la vocación es que el menor se responsabilice de la culpabilidad y evitar que pueda volver a hacerlo”, concluye Martinoy.
Font i Foto: La Vanguardia
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